Editorial

VI


La memoria, ese sueño,
encuaderna los días.

Desempolva los júbilos y culpas,
desalienta el olvido.

Reabre transparentes
los postigos del tiempo.

Anda entre cerraduras.

La memoria, esa contramarcha,
esa espalda mirada en el espejo.



CARLOS ALBERTO DEBOLE
1915, Buenos Aires
Argentina


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Silvana Bonacci


CREPÚSCULO



 

Enceguezco al tiempo. Un horizonte teñido de naranja murmura un encuentro. Bajo la guardia, el pasado y el vestido. El sol agoniza. Todo se cubre de espuma y miel. Entre burbujas atrapo de su boca palabras ardientes. Antes que el fervor de las estrellas vuelva nuestra sombras a su estado inicial y el zapatito de cristal anuncie la partida, ninguna caricia cae y bebemos todo como si fuera lo último.

El eco de los besos confían suavemente en otra ceguera

 

SILVANA BONACCI
Buenos Aires, Argentina.

de su libro "Bajo el vestido" 2016

 

Editorial De los Cuatro Vientos invita a usted a la presentación del libro "Bajo el vestido" de la poeta Silvana Bonacci. Será el miércoles 4 de mayo de 20 a 21hs en el stand Nro. 416 del Pabellón Azul, predio La Rural, en el marco de la 42° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Av. Sarmiento 2704 - CABA

 

CORIOLANO Y LA ARREBATADORA
IGNOMINIA DE LA HOMMELLE

por Eleonora D'Alvia

Este trabajo se propone pensar la vinculación entre la autoridad y el saber. Desde esa intersección propongo pensar lo más propio del padecimiento subjetivo y sociocultural contemporáneo. Si Lacan propone psicoanálisis al sujeto de la ciencia, es porque el intento de sostener un saber consistente a través del discurso universitario produce un padecimiento subjetivo, una mortificación.
Me valdré como material clínico de la obra Coriolano de Shakespeare y también de los aportes de lectura que realiza la versión cinematográfica Coriolanus, de 2011, película inglesa dirigida y protagonizada por Ralph Fiennes. Esta obra trata en primer lugar de la tragedia del sujeto Coriolano que voy a presentar articulada con otra tragedia de Shakespeare, Hamlet. Sintéticamente podríamos decir que en ambas obras se trata de la tragedia del deseo.
A través del poeta, Shakespeare, me propongo investigar y poner en cuestión la relación entre el patriarcado y la madre. Si ponemos en cuestión el patriarcado, es para ir hacia un matriarcado?
¿Qué significa políticamente el complejo de Edipo, tal como lo sitúa Freud? ¿Qué aportes hace Lacan, en su elaboración conceptual de la producción de los postfreudianos acerca de la madre y qué aportes nuevos hace sobre las mujeres? ¿Qué lugar juega en todo esto el problema de la castración?

 

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¿Qué significa pensar
críticamente? III

por Luis Langelotti
lic.langelotti@gmail.com

¿Qué significa pensar críticamente? I

¿Qué significa pensar críticamente? II

 

De la estulticia al desasimiento


Introducción: “Poeta, es decir, revolucionario”

En cierto fragmento de La deshonra de los poetas, Benjamin Peret, sostenía la siguiente reflexión:

“Si se busca el significado original de la poesía, hoy disimulada bajo los mil oropeles de la sociedad, se constata que ella es el verdadero aliento del hombre, la fuente de todo conocimiento y ese conocimiento en su aspecto más inmaculado. En ella se condensa toda la vida espiritual de la humanidad desde que comenzó a tomar conciencia de su naturaleza; en ella palpitan sus más elevadas creaciones y, tierra siempre fecunda, conserva perpetuamente en reserva los cristales incoloros y las cosechas de mañana. (…) Ella permanece omnipotente, hierve en la narrativa mítica de los esquimales¸ hace eclosión en la carta de amor, ametralla al pelotón de ejecución que fusila al obrero exhalando un último suspiro de revolución social, y por ende de libertad, chispea en el descubrimiento del científico, palidece hasta en las más estúpidas producciones que la invocan y su recuerdo, elogio al que le agradaría ser fúnebre, traspasa incluso las palabras momificadas del cura, su asesino, a quien el fiel escucha, buscándola, ciego y sordo, en el túmulo del dogma en el que ella no es más que polvo falaz.” (1)

“… en el que ella no es más que polvo falaz.” Las palabras de Benjamin Peret, anarquista del siglo pasado, son contundentes. Al igual que, como dice Daniel Mutchinick, cuando afirma que el psicoanálisis “adormece en el dogma” (2), la poesía (y el arte en general) tórnase trivialidad somera si sólo juega como oropel de la civilidad burguesa, cuestión que se ha registrado siempre en la historia así como en no pocos lugares de la actualidad, donde se anuncia “la vanguardia” o el último grito de la moda poética o psicoanalítica, pero que en definitiva menosprecia el valor de la función de la palabra reduciéndola a un centelleante camelo frente a la mirada del superyó epocal. En este sentido, más allá de “los oropeles” o engalanamientos narcisistas, el sentido primigenio del decir poético se sitúa en relación directa con la aprehensión/ modelación crítica de lo real siendo, a la vez, fuente o motor de tal subjetivación. Lo ingenuo sería creer que en el infans haya egocentrismo cuando, más bien, la omnipotencia yace en el Otro, ese de cuyos elementos - y deseo - depende la interacción del sujeto con el mundo. (3)


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No atender en clase no es una enfermedad.
Entrevista a Juan Pundik (Madrid)*
XL Semanal ABC 05.12.09

 

XLSemanal: Usted es de los que niega la mayor. Asegura que el trastorno de déficit de atención con o sin hiperactividad no es una patología.

Juan Pundik: Es que no lo es. Lo que hace el DSM, la biblia psiquiátrica (manual de enfermedades mentales), es describir nuestras conductas y transformarlas en patologías. El cuestionamiento es en bloque al DSM, que es por lo que se guían lo psiquiatras e incluso los médicos de cabecera para diagnosticar, por ejemplo, una patología que no existe, como es el déficit de atención. No atender en clase no es una enfermedad. Los que derivan a los chicos a un especialista son, normalmente, los profesores que tienen que manejar a 35 alumnos, lo que, naturalmente, no es fácil. Tenerlos quietos y callados puede hasta cuestionarse que sea sano, pero las características de la escolaridad así lo requieren y, en consecuencia, lo mejor es tenerlos drogados. Es lo que se hace con los ancianos en algunos geriátricos.

XL: Habla usted de 'droga', no de 'medicamento', ¿por qué?

Juan Pundik: El metilfenidato que contiene esa medicación es un derivado anfetamínico. En nuestro país se comercializa con denominaciones como Rubifen, Concerta, Strattera, Ritalina o Ritalin, como viene en su origen, en Estados Unidos. Todos aquellos que no estamos de acuerdo con que se drogue a los niños la denominamos 'cocaína pediátrica'. Y no es una denominación arbitraria. Cuando hablo de sustancias, lo primero que hago es probarlas yo mismo. Invito a cualquiera que considere que un niño debe tomar una de estas sustancias a que haga lo mismo, que pruebe el metilfenidato, que se lo administre a sí mismo y que me cuente luego.

XL: ¿Cuál fue su experiencia?

Juan Pundik: Me sentí drogado. Y eso que me administré la misma dosis que se da a un niño y yo tengo el triple de peso. Y la sensación era la de ir todo el día drogado, no me sentía normal, yo mismo. Me quitó totalmente el apetito y me perturbaba el sueño. Todo, malas sensaciones.

XL: Admitamos que el déficit de atención no es una patología, pero es una conducta o incluso una forma de ser, si lo prefiere, que dificulta la vida, el día a día, del niño.

Juan Pundik: No, no dificulta la vida del niño; si acaso la de los padres o los profesores.

 

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para bajar el libro ingresar aquí

 

Ada Zapata Arriarán

 

LA RISA SUMERGIDA

 

(...)

COMO

si hubiésemos                                        vuelto

EL ESPEJO

donde se                                  contempla

EL SILENCIO

 

 

eres

la sombra                        para la

sombra

cuerpo

sobre

su cuerpo

 

 

la lluvia

 

                         de espaldas

(...)

 

ADA ZAPATA ARRIARÁN
Cochabamba, Bolivia.
de su libro "Fragmentos en el aire"

 


Daniel Calmels
(*)



LOS ARTISTAS VELAN


"Esta molestia de sentir
que uno depende de su propio cuerpo"
Antonin Artaud



En la vida de los antiguos héroes
la herida infaltable rondaba los cuerpos.
Fue en Vulcano y en Edipo
la triste pierna desvariada.
En Sigfrido el hombro herido
para temer la palabra muerte.
En Sansón la pérdida indolora.
Y en Aquiles la ley del talón
lo convino a apaciguar su destino.

Pero hubo otros más cercanos
que defendieron el derecho de soñar
aún a costa de detener con el cuerpo
las oleadas feroces de tristeza:
Fue la pierna de Rimbaud
rodando en un quirófano de Marsella,
la mano de Cervantes
multiplicándose en la escritura,
Quevedo riendo de su cojera
con “una pata torcida para el mal”,
los ojos de Borges
imaginando láminas de colores pálidos,
Beethoven, con una varilla entre sus dientes,
comiéndose las vibraciones
que los oídos se negaban a tragar,
Toulouse Lautrec desde su espalda corva
viendo las narices más bellas,
y la oreja de Van Gogh
enterrada en un paño de limpiar pinceles.

Fijman con las sienes golpeadas
mientras grita: “Yo soy el Cristo Rojo”.
Baudelaire con la voz agónica
mientras escucha de la boca materna
un glosario de primeras letras
para una lengua antigua y herida
en la caverna húmeda de su boca,
y Antonin Artaud, cargando de fuego las palabras
hasta explotar de incomprensión.
Desde el fondo de un lujoso salón,
mientras camina al encuentro,
el joven Milosz recuerda con terror
que tiene padre y madre
e ignora de la bala que intentará olvidarlos.


"Si me mato no será para destruirme
sino para reconstruirme"
Antonin Artaud


Hubo otros, que apuraron el destino de un solo trago:
Gérard de Nerval colgado de un farol
con los bolsillos llenos de palabras.
Hemingway, en su último aliento,
apoyando su lengua en la boca de un fusil.
Lugones tropezando en la única mesa de la pieza de un recreo
con la boca llena de veneno para hormigas,
tan cerca de un río llamado tigre.
Y Pizarnik, envuelta en su sábana
como en una bandera,
apoyando su boca pintada
en la de una muñeca sin sonrisa.
Quiroga sobre sus cuentos y en la selva
apurando los ácidos del estómago
única defensa ante la muerte.
Y Alfonsina arrepentida en el último instante
queriendo desandar sus pasos,
empujando con su pecho el mar.


"De pronto la palabra adquiere
la dimensión del gesto"

Aldo Pellegrini



Otros, arrancados salvajemente de las letras con las palabras puestas:
Haroldo llevado a un país
donde ningún árbol se llama con nombre de mujer,
y Miguel Ángel Bustos
ganándole el juicio a la razón más bella,
y Paco y Rodolfo
bajo la lluvia voraz del Eternauta
encontrando las puertas cerradas para siempre.

De cuerpo presente
los artistas velan, para que el dolor se ilumine de

esperanza.

 

(de “Marea en las manos”)

*

MARFILES

Desprendimientos,
pequeños sabios de leche,
cautivos, temblorosos,

cuerpo fuera del cuerpo.

En la noche
la mano bajo la almohada
tocando el nudo del pañuelo.
Dura la tela encerrando al diente perdido
y la boca desafinada, tironea de la punta de la sábana. La noche convoca a los ratones
que no sólo se comen
las lenguas de los niños mudos,
sino que mudan los dientes a su cueva

que tiene un portal como una boca.

Al otro día, cuando el pañuelo
deshace la mañana en un bostezo
un billete doblado que da pena

aligera el nudo del recuerdo.

a Rocío Calmels

(de “Marea en las manos”)

*



ABISMOS

Julieta sabe de los diarios que huelen a tinteros abiertos
y a baldosones terminan los días de lluvia.
Sabe que envejecen los globos en una sola noche,
sabe del muñeco de yeso
amanecido en las aguas del fuentón,
pero cómo explicarle

la rama rota del limonero.


a Julieta Calmels

(de “Marea en las manos”)

*

LA CUCHARA


La cuenca de la mano fue primero
aquietado lecho para el agua

laguito en vuelo hacia la boca.

Luego la cuchara,
que no corta que no pincha,
la que congrega la inconstancia de los líquidos,
la que reúne y vuelca. El más pacífico de los cubiertos
toda curvas redondeos
hecha para el roce de los labios
la cuchara nos deja

con la boca abierta.


(de “Marea en las manos”)

*

TRAZAS

a mis colegas de Barcelona

Sobre la porosa lisura de madera
se expande la harina,
que la mano ahueca como un nido.

En su lecho clara y yema unidas, juntas, confundidas.

Recibir en la piel la húmeda adherencia,
marcar con las yemas,

dejar ir.

Luego, con un palo, se alisa la masa al grosor de un papel.
Un niño, sobre la prosa lisura
con los deberes de la lengua materna,
con otro palote, vertical y repetido,

le pone al renglón las rejas de la palabra escrita.

En las primeras trazas
se cocina un orden y un sentido.
Borrar con la masa y comerse las letras
son las primeras gramáticas digestivas.

(inédito)


*

CATAR

Un niño piensa que el hombre que está tras la cámara se está escondiendo
y responde tapándose con las manos,
espera y mira entre sus dedos.
Luego, cuando el hombre se va,
anilla sus dedos como un diafragma de luz. Un catalejo dactilar con la memoria fértil
fue su primera cámara.

(de “El cine y la poesía argentina”)

(*) Daniel Calmels selecciona poemas de su autoría para acompañar la entrevista publicada en esta página.:


 


Rolando Revagliatti


EL AMOR QUE TENGO PARA DAR


El amor que tengo para dar
es poco

No me mandaré
la parte

Aparte
nadie me reclama
que ame

 

TODOS ME ENVIDIAN EN TUS SUEÑOS

En mis sueños
nunca es otro más que yo  
el boludo
En los tuyos

siempre soy el más beneficiado

En mis sueños
pocas veces te tengo sólo para mí
En los tuyos
con frecuencia
estás conmigo

En mis sueños
caí como un chorlito(como sea que los chorlitos caigan)
En los tuyos
soy un titán feliz, feliz, feliz

 

ROLANDO REVAGLIATTI
1945, Buenos Aires, Argentina.

http://revagliatti.com.ar/
de su libro INFAMÉLICA











 

 



 




Arthur Rimbaud

DEMOCRACIA

"La bandera acude al paisaje inmundo, y nuestra jerga provinciana ahoga el tambor.
"En los centros alimentaremos la más cínica prostitución. Masacra-remos las rebeliones lógicas.

"¡En los países robados y apaciguados! - al servicio de las más mons-truosas explotaciones industriales o militares.
"Hasta luego aquí, no importa dónde. Reclutas de buena voluntad, tendremos la filosofía feroz; ignorantes por obra de la ciencia, que-brantados por el confort; la explosión para el mundo que funciona. Es el verdadero andar. ¡Adelante, camino!"

 

OBREROS

¡Oh esta cálida mañana de febrero! El sur inoportuno vino a suscitar nuestros recuerdos de indigentes absurdos, nuestra joven miseria.
Henrika tenía una falda de algodón a cuadros blancos y oscuros, que debió usarse en el siglo anterior, un sombrero con cintas y un pañuelo de seda. Era mucho más triste que un luto. Dimos una vuelta por los suburbios. El tiempo estaba nublado, y ese viento del sur excitaba todos los mezquinos olores de los jardines arruinados y de los prados marchitos.
Aquello no habría de fatigar a mi mujer en igual medida que a mí. En un charco restante de la inundación del mes anterior en un sendero bastante elevado, ella me mostró unos peces muy pequeños.
La ciudad, con su humo y su ruido de maestranza, nos seguía desde muy lejos por los caminos. ¡Oh el otro mundo, la habitación bendecida por el cielo, y las sombras de los árboles! El sur me recordaba los miserables incidentes de mi infancia, mis desesperaciones estivales, la horrible cantidad de fuerza y de ciencia que la suerte siempre alejó de mí. ¡No!, no pasaremos el verano en este país avaro donde nunca seremos más que huérfanos desposados. Quiero que este brazo endurecido no arrastre más una imagen querida.

 

HUELLAS

A la derecha, el alba estival despierta las hojas y los vapores y los ruidos de este rincón del parque, y los terraplenes de la izquierda conservan en su sombra violácea las mil rápidas huellas del camino húmedo. Transitado por magias. En efecto: carros cargados de animales, de madera dorada, de mástiles y de telas multicolores, al galope tendido de veinte remendados caballos de circo, y los niños y los hombres en sus bestias más asombrosas -veinte vehículos, amarrados, empavesados y cubiertos de flores como carrozas antiguas o de los cuentos, llenos de niños endomingados para una pastoral sub-urbana- y también ataúdes bajo sus doseles nocturnos que elevan sus penachos de ébano, desfilando al trote de grandes yeguas azules y negras.


BOTTOM 1

Aunque la realidad sea demasiado espinosa para mi fuerte carácter, - me hallé sin embargo en casa de mi dama, como un gran pájaro gris azulado que se remontaba hacia las molduras del cielorraso y arrastraba el ala en las sombras de la noche.
Fui, al pie del dosel que sostenía sus joyas adoradas y sus obras maestras físicas, un gran oso con encías violetas y con el pelo canoso de pesar, los ojos en los cristales y las platerías de las consolas.
Todo se hizo sombra y acuario ardiente.
A la mañana -alba de junio belicosa- corrí a los campos, asno, esplendiendo y blandiendo mi queja, hasta que las Sabinas de los alrededores vinieron a arrojarse contra mi pecho.

1 Palabra inglesa: fondo (N del T.)

 

GENIO


Es el afecto y el presente, dado que hizo la casa abierta al invierno espumoso y al rumor del verano, él que purificó las bebidas y los alimentos, él que es el encanto de los lugares fugitivos y la delicia sobrehumana de las estaciones. Es el afecto y el porvenir, la fuerza y el amor que nosotros, de pie en las furias y en las penas, vemos pasar por el cielo tormentoso y las banderas del éxtasis.
Es el amor, medida perfecta y reinventada, razón maravillosa e imprevista, y la eternidad: máquina amada de las fatales cualidades. Todos hemos sentido el espanto de su concesión y de la nuestra: ¡oh goce de nuestra salud, ardor de nuestras facultades, afecto egoísta y pasión por él, él que nos ama en razón de su vida infinita!...
Y nosotros lo convocamos y él viaja... Y si la Adoración se va, se oye, su promesa se oye: “Atrás estas supersticiones, estos antiguos cuerpos, estas habilidades y estas edades. ¡Es esta época la que ha naufragado!
No se irá, no descenderá otra vez de un cielo, no cumplirá la redención de las cóleras femeninas y de las alegrías de los hombres y de todo este pecado: porque hecho está, al ser él, y al ser amado.
¡Oh sus hálitos, sus cabezas, sus movimientos: la terrible celeridad de la perfección de las formas y de la acción!
¡Oh fecundidad del espíritu e inmensidad del universo!
¡Su cuerpo!, ¡el desprendimiento soñado, el quebrantamiento de la gracia atravesada por la violencia nueva!
¡Su mirada, su mirada!, todos los sometimientos antiguos y las penas redimidos por ella.
¡Su claridad!, la abolición de todos los sufrimientos sonoros y móviles en la música más intensa.
¡Su andar!, las migraciones más cuantiosas que las antiguas invasiones.
¡Oh Él y nosotros!, el orgullo más benévolo que las caridades perdidas.
¡Oh mundo!, ¡y el agudo canto de los infortunios nuevos!
A todos él nos conoció y a todos nos amó. Sepamos, esta noche de invierno, cara a cara, desde el polo tumultuoso hasta el castillo, desde la muchedumbre hasta la playa, de miradas en miradas, fuerzas y sentimientos cansados, llamarlo y verlo, y despedirlo, y, bajo las mareas y en lo alto de los desiertos de nieve, seguir sus visiones, sus hálitos, su cuerpo, su fulgor.

 

A UNA RAZÓN

Un golpe de tu dedo en el tambor descarga todos los sonidos e inaugura la nueva armonía.
Un paso tuyo, es la leva de los hombres nuevos y el comienzo de su andar.
Tu cabeza se mueve: ¡el nuevo amor! Tu cabeza se vuelve - ¡el nuevo amor!
“Cambia nuestras suertes, criba nuestras plagas, comenzando por el tiempo”, te cantan esos niños.
“Eleva, no importa dónde, la sustancia de nuestros destinos y de nuestros deseos”, te imploran.
Llegada desde siempre, irás por dondequiera.

 

MAÑANA

 

¿No tuve alguna vez una juventud amable, heroica, fabulosa, digna de ser escrita en hojas de oro?
-¡demasiadas posibilidades! ¿Debido a qué crimen, debido a qué error, merecí mi actual debilidad? Vosotros que pretendéis que los animales lanzan sollozos de dolor, que los enfermos desesperan, que los muertos tienen pesadillas, tratad de relatar mi caída y mi sueño. Tampoco yo puedo explicarme mejor que el mendigo con sus continuos Pater y Ave María. ¡Ya no sé hablar!
Sin embargo, hoy, creo haber terminado la narración de mi infierno. Era sin duda el infierno; el antiguo, aquel cuyas puertas abrió el hijo del hombre.

En el mismo desierto, en la misma noche, siempre mis ojos cansados despiertan con la estrella de plata, siempre, sin que se conmuevan los Reyes de la vida, los tres magos, el corazón, el alma, el espíritu. ¡Cuándo iremos, más allá de las playas y los montes, a saludar el nacimiento del trabajo nuevo, la sabiduría nueva, la huída de los tiranos y de los demonios, el fin de la superstición, a adorar - ¡los primeros! - la Navidad sobre la tierra!
¡El canto de los cielos, la marcha de los pueblos! Esclavos, no maldigamos la vida.


ARTHUR RIMBAUD
1854, Charleville, Francia
.
Traducción: Raúl Gustavo Aguirre

 

"RECUERDOS" obra digital -Jeuroz'16

Aurora Venturini

YO ERA...

 

Como un vientecillo audaz y rápido arrasante de cualquier obstáculo de impedimento a toma de castillo que pudo ser kafkiano, hago referencia al inconquistable castillo de Kafka, de su novela El Proceso.
El señor K, de ser la señora K sería yo misma asumiendo la circunstancial agonía denotada a cada tramo de las situaciones diversas pero teñidas de un solo color muy oscuro en mitad del camino de la vida.
La noche oscura, la mía, igual a la noctambulidad de la sombría kafkiana, aparecería resbalosa y humedecida de lluvia de fines de otoño cruel, y despertar de invierno temible.
Mas, a semejanza del Señor K, de El Proceso, a pesar de chumbos y retrocesos, de aguardar detrás de mugrientas puertas herméticas, no cejaría, no he cejado en intención de tomar la plaza... Y ¡a cuchillo! Yo fui valiente y no he retrocedido.
Yo fui brillante y no pudieron opacarme. Podré caminar con los pies firmes y en equilibrio. Salvaré la fosa castellana de un salto increíble, cuan inesperado. Inverosímil. Lo haré. Y proseguiré hasta el fin de la mía vita, que aún diviso.

 

LAS PRUEBAS MÁS SINIESTRAS

 



Mi ánima se fatigaba en constante alerta defensiva de la garra de alguien nunca visto, fenómeno pesado de plomo gris áspero y pecho de macho cabrío.
Un son de eructo espetaba el monstruo. Vaho malsano expelía en la sombra indecisa del amanecer, en tan reciente y confuso otoño, fondo abisal, pozo ciego.
Yo temblaba al tiempo marginal del día.
Impertérritos velajes indicaban que venía el día y el desabrigo de mis cobijas; el sol apenas tibiecito, y el desayuno.
El dueño ya no estaba y ella trajinaba rápido y, molesta, servía la comida de un solo tirón a las criaturas molestas.
Transcurría la estación con pachorra andante de alcohólico anciano y desganado. A nadie se le ocurría hacer algo lujurioso o no; atractivo o no; malhadado o no; algo que grabara sello de ser, de existencia, de estar ahí ahora; de sobrevivir a la ingenuidad, a la indecencia, a los sentimientos altruístas, a las inclinaciones criminales. En síntesis, todos intentaban no ser advertidos, sombras de sombras; ecos de ecos: el vacío absoluto.
La casa intentaba borrarse del paisaje cual un recuerdo pecaminoso, húmedo en su resonancia equívoca; feo y culpable de acciones que harían retroceder al decidido valentón gordo y áspero, y al hombre de piedra que mastica escombros.
¿Cómo describir tan desproporcionada acritud malévola apenas disimulada?
No podré contar sucesos así de ácidos y procaces. Los guardaré en el arcón oculto del olvido voluntario.
Vendrán, si consiguieran liberarse, catapultados a la superficie aún peor que antes de ser aprisionados en la oquedad del quicio hermético.


NO VOLVERÉ


Por haber regresado del averno, ahí ya no volveré. No es lugar para dos temporadas.
¿En qué círculo designado por su sino vagará rondando él, su segura eternidad?
Basta de atropellos a la razón pura kantiana. Ya no más atrevimientos.
Veamos a lo lejos las ciudades de la gente sencilla, como cajitas de plástico sin doble fondo, pero con cerraduras inviolables.
Hay que mirarlos sin aproximarse, o sus habitantes acudirán a la gendarmería brutal.
Desde cierta distancia, sí.
Apreciaremos luces que alumbran tras los postigos y las celosías.



EL MIEDO, LOS MIEDOS


Ese vocablo es de textura suave y aterciopelada, se dice con recatada voz avergonzada temiendo descubrirme en los parámetros de la estupidez, de la simulación de estado desvalido con finalidades de sobreprotección. Y no es así.
Significa ahogo que aterroriza y llena el pecho de enormidades sombrías que configuran cataratas imposibles de evitar aunque el navegante reme y reme hendiendo el oleaje de aguas fustigantes, duras, cristales de roca apenas licuados que golpean a pedradas, y el infeliz navegante remero habrá de rendirse a las furias torrentosas y al abismo de más allá.
El miedo no debe triunfar pero es rival difícil. No obstante, hay que intentar derrotarlo.
Pero él sabe de su natural fuerza capaz de vencer al valeroso cuan brillante contendiente y apunta con agudos aguijones envenenados, con elefantes, con víboras; entonces el debilucho, con intención de ganar en ese desequilibrado campo marcial, acaso retroceda.
Pero no hay que darle el gusto al muy hijo de puta miedo.
Es preciso morirse del más banal de los vocabularios y mezclarlo con pis y caca, en seguida tirárselo a la cara, madiciéndolo.
Si lo pude ayer o antes de ayer, cuando en cierta manera acabé con los gendarmes de la prisión que pateaban las pancitas de las embarazaditas y los transportaban encima de chapas de zinc a un recinto donde parían y regresaban pálidas, solas, sin el producto de sus pancitas embarazaditas, tristes como las calles de invierno, húmedas, amargamente arboladas, igual que las zonas urbanas de las feas pesadillas. Me decaí oyendo palabrotas innobles de bocas sucias, bigotudas, desdentadas, fumadoras. Ni de las corridas por los corredores del Departamento de Policía, de los degenerados contratados para abusar de las chicas detenidas que iban al baño.
Sí, me asusté cuando me pisaron los dedos de los pies con los pestilentes borceguíes... claro que sentí miedo de la invalidez subsiguiente que no ocurrió.
En aquel antro, a puteadas, me disfracé de machito y los sujetos, muchos uniformados, no iban a perder el tiempo con alguien de tal talante...
Sin amilanarme, salí a la luz.
Sentí un minúsculo bulto en un bolsillo y lo tiré a la mierda.
Con el correr del tiempo advertí que había tirado el miedo a la mierda.
Intento, paciente lector de mis apuntes, transmitir la sorpresa que me causa esta sensación actual que debe ser algo así como el retruécano a un pasado horripilante cual enfermedad incurable: sida o cáncer.
Hoy temo a los espacios vacíos.

 

MARIO, EL KINESIÓLOGO

Antes, repito, fui valiente y brillante; hoy apenas me estoy recuperando con timidez de dar un paso en falso y desbarrancarme, lo que representaría mi defunción. No daré un paso en falso. Me apreciarán agachada y vejestoria; alguien casi reptante, temeroso de llevarse un objeto por delante y fracasar en su intento de integración a la civilidad. Es lógico que no salga a los saltos como un perro galgo en la sabana de carrera...
Las expresiones corporales que evidencié por meses y meses podrán ser ridículas y malavenidas cual los iniciales aprontes de la infancia. En realidad, repito, cohabito un territorio primerizo, difícil de conquistar, desconocido... Y fue de mi propiedad ayer nomás... Y se me ha escurrido como arena contenida en una mano que escapa por entre los dedos.
Qué terrible es el espacio circundante: es abisal cual un precipicio y no puedo dejar de verlo, de sentir su maléfica atracción... qué desgracia.
¿Por qué me habré extraviado en este bosque sin calvero, en el atolladero de vericuetos insondables, acaso insalvables?
Me arriesgaré al marasmo de invadir esas zonas espantosas a riesgo de ultimarme por propia voluntad, obedeciendo al maestro, o no...
Ayer nomás caminaba por las sendas del universo propio, del ajeno, del frío, del calor y de las lluvias torrenciales.
Ayer nomás fui valiente y brillante como un diamante engarzado en la espada de un caballero medieval.
No es aceptable esta decrepitud. Maldita sea. Saldré afuera del amurallado recinto ignoto.
Aseguro que lo haré transpirando océanos de miedo. El miedo turba y causa invalidez. El miedo es. Hay que asesinarlo.

 

 

AURORA VENTURINI
1922, La Plata
Argentina.

 

 


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Javier Domingo Aruquipa Paredes


ROBLES PETRIFICADOS



Hemos de morir tan frágiles como vinimos al mundo.
Nuestros cuerpos serán hierba, robles petrificados,
piedras mansas en recodos ocres.

El polvo se adueñará de lo que somos y nos vestirá de silencio humano,
para hacer cantar a las cumbres, a los nevados, al charco, a la ceniza.

Volveremos a recibir las noches y sus oscuridades, entonces;
las tormentas y sus relámpagos, entonces.
Y todo será enigma,
inexorable vacío que puebla la existencia,
implacable e iracundo silencio que estrangula.

Nadie lo supo, tan solo lo intuimos.

La muerte es metamorfosis del polvo que se cubre de sustancia y vive,
mientras dura el eco de la palabra.
Es la arrogancia del gesto de eso que llamamos Dios,
en medio de otras alteraciones:
leve movimiento que nos arranca y nos arroja a la muda,
como eterno retorno a ser ceniza de lo que será por el instante.

Accidente, para algunos;
existencia, para otros.

 

LAS SOMBRAS

las sombras son muchas
en cualquier calle que se precia transitada
sus cuerpos corren
andan a pasos rápidos y no se tocan
mas las sombras parecen hacerlo
con una sutilidad misteriosa

en realidad
ellas no se tocan
danzan al son de las pisadas
como hilos de agua
que trascienden las formas

… su silencio es necesario
ya que sin él
su misterio y su propia danza
desaparecerían

desaparecerían como nosotros
en el preciso instante en que tuvieran un cuerpo
y andaran a pasos rápidos
sin tocarse

por esta virtud
las sombras son eternas al sol o a la luna

… no importa que el cuerpo muera
ya que ellas
                 sin ninguna pena
se acoplan al eco de extrañas pisadas

al polvo de otras calles y sus murmullos
al ruido de aquellas ventanas llenas de herrumbre
o a los recuerdos viejos y gastados
que pesan en la joroba de la gente que no se toca
y camina

total
como se dijo
ellas trascienden las formas
como hilos de agua perenne
                               taciturnas
                                        danzarinas

 


LAS PIEDRAS


las piedras tienen sombras de reloj
en punto y en el lugar preciso
cualquiera que las vea
todavía puede corregir su vida
pues aún habrá tiempo
para no ser una piedra

 


JAVIER DOMINGO ARUQUIPA PAREDES
La Paz, Bolivia

 

Entrevista realizada por Rolando Revagliatti a Daniel Calmels: sus respuestas y poemas
    

3 – Nueve años se suceden entre la edición de tu libro sobre Jacobo Fijman, el notable poeta nacido en la actual Rumania y radicado en nuestro país desde la niñez, y tu prólogo y estudio crítico para enmarcar la aparición de su “Poesía completa” en 2005, a través de Ediciones del Dock. ¿Qué te fue pasando con Fijman en el transcurso, cómo te posicionaste para la concepción de tu iniciativa socializada en 1996 y cómo para el siguiente compromiso?
 
          DC – Esta pregunta me retrotrae a mi primera relación con la obra de Fijman, a los encuentros con Galtier. En una ocasión, sabiendo de su conocimiento sobre la literatura francesa, lo consulté por la obra de Antonin Artaud. Después de una atrapante “disertación” y de sacar de su biblioteca una primera edición de Artaud, me pregunta si había leído a Fijman, aludiendo a los puntos en común que tenían, principalmente sus pasajes o estancias por los neuropsiquiatricos (en el caso de Fijman, cuarenta y dos años internado en el Hospicio de las Mercedes, hoy Neuropsiquiatrico Borda). Él me lo presentaba como poeta y pintor. Un año después, me trasmite que encontró un paquete con dibujos de Fijman, quien se los dejaba cuando todos los meses viajaba a la SADE a retirar el dinero de una pensión (que Galtier le había gestionado). Junto con el dinero, Galtier le obsequiaba papeles, tintas, pasteles y lápices, a cambio de que en el mes siguiente le trajera algún dibujo. Saca de un cajón, entonces, un paquete envuelto en papel madera atado con hilo, me lo da y me dice que lo mire en mi casa. En mi viaje en colectivo de barrio Norte a Sarandí, me tenté y abrí el paquete. En él un conjunto de tintas, pasteles, lápices y alguna monocopia, todos ellos, en ese primer contacto, no eran más que papeles confundidos por el peso de los años, muchos sin posibilidad de recuperar, sobre todo los pasteles que no habían sido fijados.
Mi primera mirada de Fijman estaba signada (e indignada) por su vida de tanto tormento.
Fue preso de un triple destino de exclusión: pobreza, reclusión y olvido. Escribí en “El Cristo Rojo”: “Jacobo Fijman dibujaba y pintaba en el loquero, es decir, intentaba saciarse de la sed en pleno desierto. Amaba el color blanco y vestía uniforme gris. ¿Fue llevado a curarse de la tristeza a la casa de la melancolía?” Es por eso que su poema “El canto del cisne”, el que leía reiteradamente, es el símbolo de su desgarro: “¿A quién llamar desde el camino / tan alto y tan desierto?”. Mi mirada estaba más puesta en su pesar que en el valor estético de su obra.
Cuando escribo el estudio que prologa “Poesía completa”, realizo con el editor, Carlos Pereiro, una lectura detallada de cada uno de los poemas. Guillermo Cuneo, coleccionista, nos facilitó las tres ediciones originales y algunos poemas publicados en revistas. En esa ocasión logré abocarme a su obra literaria y pictórica. Te cuento que estoy en tratativas con una editorial en España para editar un volumen con veinte obras de Fijman en color, con una introducción sobre su obra: sería la primera vez que la obra plástica de Fijman se va a conocer a color en un libro.

 

entrevista completa

Biblioteca

Sexualidad y política I
por Eleonora D'Alvia y Juan Eugenio Rodríguez

Sexualidad y política II
por Eleonora D'Alvia y Juan Eugenio Rodríguez

El rechazo de lo femenino: Rozitchner con Lacan
por Eleonora D'Alvia

Un mito contemporáneo para pensar la cuestión de la ley
por Eleonora D'Alvia

Del malestar en la cultura a la mortificación
por Eleonora D’Alvia

Comunidad versus globalización
por Eleonora D'Alvia

¿Qué significa pensar críticamente?
por Luis Langelotti

institución y destitución en psicoanálisis
por Néstor Bolomo

la institución psicoanalítica
por Néstor Bolomo

Inmovilizar la vida
por Juan Eugenio Rodríguez

El Destino y el fantasma
por Juan Eugenio Rodríguez

Producción de subjetividad y salud mental
por Juan Eugenio Rodríguez


El amor sensual

por Juan Eugenio Rodríguez

Algunas cuestiones acerca del amor
por Eleonora D´Alvia


Cómo hablaba Picasso de lo que hacía
por Néstor Bolomo




Video Introducción: Superyó Siglo XXI (espejo negro)
duración 1:23' - Fuegos del Sur 2015

 

SUPERYÓ SIGLO XXI (espejo negro)
por Eleonora D'Alvia y Juan Eugenio Rodríguez


Volverse a encontrar
en un estado de
extrema conmoción,
despejado de irrealidad,
con fragmentos del mundo real
en un rincón de sí mismo.

Antonin Artaud

 

Imaginarizar un escenario sin conflicto es representar un pensamiento único. A esta idea la acompaña la versión de lo múltiple, el multiculturalismo. Lo múltiple no se opone a lo uniforme. No podemos dejar de señalar que este ideario se parece bastante al fenómeno de masa. El conflicto no desaparece en lo múltiple, sino que renegado se traspone como discriminación. No hay elaboración del conflicto sino que éste se expresa como tensión agresiva ante lo uniforme otro en el espejo. La problematización de esta cuestión, del lado del sujeto, se encuentra dificultada ante el emplazamiento de la técnica, ante un espejo negro.

artículo completo >>

Walter Benjamin

 

PANORAMA IMPERIAL

II

Una paradoja peculiar: la gente cuando actúa sólo tiene en mente el propio y más mezquino interés, pero al mismo tiempo su conducta se ve determinada más que nunca por los instintos de la masa. Y más que nunca los instintos masivos se han vuelto erróneos y ajenos a la vida. Allí donde la oscura pulsión del animal (como relatan inumerables anécdotas) encuentra la salida para el peligro próximo pero aún aparentemente invisible, allí esta sociedad, en la que cada miembro sólo tiene en mente su propio rastrero bienestar, cae como una masa ciega, con abulia animal pero sin el saber abúlico de los animales, en cualquier peligro, hasta el más próximo, y la diversidad de los objetivos individuales se vuelve irrelevante ante la identidad de las fuerzas determinantes. Una y otra vez se ha demostrado que su inclinación por la vida habitual, y ahora ya perdida hace tiempo, es tan rigida que hace fracasar la utilización netamente humana del intelecto, la previsión, incluso ante el peligro más drástico. De modo tal que en esta sociedad se completa la imagen de la estupidez: inseguridad o hasta perversión de los instintos vitales, e impotencia o hasta decadencia del intelecto. Este es el estado de la totalidad de los ciudadanos alemanes.


VIII

El que no se sustrae a la contemplación de la decadencia, pronto pasará a valerse de alguna justificación especial para su propia permanencia, actividad y participación en este caos. Hay tantos discernimientos del fracaso general, como excepciones para el propio círculo de influencia, lugar de residencia y coyuntura. En casi todas partes se impone la ciega voluntad de salvar el prestigio de la propia existencia, en vez de al menos despegarla, mediante la apreciación sobria de su impotencia y su embrollo, del trasfondo de encandilamiento generalizado. Por eso el aire está tan lleno de teorías sobre la vida y de cosmovisiones, que en este país dan la impresión de ser tan arrogantes porque casi siempre sólo valen para autorizar alguna situación privada sin importancia. Y precisamente porque cada cual se compromete con las ilusiones ópticas de su aislado punto de vista es que el aire también está tan lleno de quimeras y espejismos de un futuro cultural que, pese a todo, irrumpe floreciente de la noche a la mañana.


X

Está menguando el calor de las cosas. Los objetos de uso diario rechazan, de manera suave pero perseverante, al hombre. En consecuencia, éste debe efectuar a diario un ingente trabajo para superar las resistencias secretas (y no sólo las manifiestas) que le contraponen las cosas. Debe compensar su frialdad con calor propio, para no congelarse, y tomar sus espinas con infinita destreza, para no desangrarse. Que no espere ninguna ayuda de sus conciudadanos. El guarda de tren, el empleado estatal, el obrero y el vendedor: todos se sienten representantes de una materia reacia, cuya peligrosidad se afanan por sacar a la luz a través de su propia rudeza. Y hasta el propio país está confabulado en la degeneración de las cosas, con las que éstas castigan al hombre, secundando la decadencia humana.
...

 


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Actividad semanal los Jueves de 19 a 21 hs. 
Informes e inscripción: Lunes a viernes, de 10 a 18.30 Contacto: 4480-8937 / 4651-3035 - Oficina de Socioculturales (frente al aula 5) extension@unlam.edu.ar - Facebook: Socioculturalesunlam – Twitter: @socioculturales - Dirección: F. Varela 1903 - S. Justo


Jeuroz


NON CONFLICTUAL SPHERE



Criaturas
pulcras de negro
por el bosque

ciego

por oscuros senderos
ronda
el ambicionado sueño

sepulcral

mi tesoro mi querido tesoro
mi lúgubre pantano
mi noche


Jeuroz
31/03/2016

 

Lautréamont

LOS CANTOS DE MALDOROR


CANTO PRIMERO

Aquí hay quienes escriben para conseguir los aplausos de los hombres, por medio de nobles cualidades del corazón que la imaginación inventa o que ellos puedan tener. ¡Yo hago servir mi genio para pintar las delicias de la crueldad! Delicias no pasajeras o artificiales, sino que, al comenzar con el hombre, terminarán con él. ¿No puede el genio aliarse con la crueldad en las resoluciones secretas de la Providencia? ¿O porque se sea cruel se tiene que carecer de genio? La prueba se verá en mis palabras; vosotros sólo tenéis que escucharme si queréis... Perdón, me pareció que los cabellos se me habían erizado, pero no es nada, pues con mi mano he conseguido colocarlos fácilmente en su primera posición. El que canta no pretende que sus cavatinas sean algo desconocido, al contrario, se satisface de que los pensamientos altivos y perversos de su héroe estén en todos los hombres.

He visto, durante toda mi vida, sin una sola excepción, a los hombres de hombros estrechos realizar numerosos actos estúpidos, embrutecer a sus semejantes, y pervertir a las almas por todos los medios. A los motivos de su acción lo llaman: la gloria. Viendo esos espectáculos, he querido reír como los demás; pero eso, extraña imitación era imposible. Tomé un cuchillo cuya hoja tenía un filo acerado y me rajé la carne en los sitios donde se unen los labios. Por un instante creí haber conseguido mi objeto. Contemplé en un espejo la boca maltratada por mi propia voluntad. ¡Fue un error! La sangre que brotaba abundante de las dos heridas impedía, por otra parte, distinguir si en verdad era la risa de los otros. Pero después de unos instantes de comparación, vi bien que mi risa no se parecía a la de los humanos, es decir, que yo no reía. He visto a los hombres de cabeza fea y ojos terribles hundidos en las oscuras órbitas, superar la dureza de la roca, la rigidez del acero fundido, la crueldad del tiburón, la insolencia de la juventud, el furor insensato de los criminales, las traiciones del hipócrita, a los comediantes más extraordinarios, la fuerza de carácter de los sacerdotes, y a los seres más ocultos al exterior, los más fríos del mundo y del cielo, dejar a los moralistas que descubran su corazón, y hacer recaer sobre ellos lá cólera implacable de las alturas.


ISIDORE DUCASSE
1846, Montevideo, Uruguay.

 


Ulises Varsovia

 

UNA DELGADA VOZ


Una delgada voz
por el aire nocturno se estira
y alcanza mi corazón, y se aferra.

Es apenas un susurro femenino,
una sutil melodía que gime
desde una garganta sin rostro.

(Vienen del tiempo remoto
acentos quebrados que me conocen,
voces quejumbrosamente mías.

Una muchacha, tal vez, que esperó mi regreso
cantando en su ventana solitaria,
y no envejeció, no ha pasado el tiempo).

Ya no recuerdo quién fue la que fue,
ya no recuerdo quién puso en mi boca
sus besos juveniles, su promesa.

Es que tantas cosas han pasado,
de tal manera extravió entre los sueños
mi sino sus huérfanos pasos…

Y ahora esta voz que me busca
no sabe decirme, gimiendo,
un rostro de niño que llora.

Tal vez cuando fui lo que fui,
tal vez cuando nunca un regazo
donde posar mi cabeza y dormirme..

(Y tal vez me detuve en su boca,
tal vez sacudí con mis besos
su cuerpo, nombrándola mía).

Oh niña de forma inconclusa,
tu imagen un sueño roto de pronto
por pasos presurosos que se acercan.

Tu boca una fuente que busco
a ciegas entre multitud de besos,
tu corazón mi hogar errante.

Pero dime en tu voz la secreta señal
que haga abrirse en mi vida una llama
donde fosforezcan tus facciones.

Porque mudo es tu triste gemido
que se estira y me abraza
rodeando mi ser de misterio.

Y doloroso es buscarte
escarbando entre tantos recuerdos
que llenan mi corazón y lo desbordan.


UN AMOR MÁS PODEROSO QUE LA MUERTE (*)


Un amor

Un amor más poderoso que la muerte,
un amor de las raíces hasta el cielo.
No llegar jamás a él, no conmover
su santo reposo con llantos y besos.

No tocar siquiera el ala de sus sueños:
quizás no volaron nunca, no florecieron.
Se quedaron esperando como una novia.
Nadie los quiso, nadie preguntó por ellos.

Sagrado como la muerte tu patrimonio.
Devuélveme los besos: soy el tiempo.
Pero no temas: jamás existimos.
Tú eres la que no fue, y yo el que ha muerto.

Hija de tanta inclemencia, cómo pudiste,
cómo no vino a romperte la vida el invierno.
Te veo bajo la lluvia, y tus hijos tiemblan.
Nadie ampara en la ciudad el dolor de tus huesos.

Un amor más poderoso que la muerte,
un amor de las raíces ascendiendo.

No la toquéis: viene cansada.
Duerme la pobre un dolor de tan lejos…

 

ULISES VARSOVIA
De: Sueños enfermos
1980 (inédito)

 

Eleonora D'Alvia

 

DEMONIO ESTROPAJO

La muerte abre el telón de
lo que no
la muerte no da terror
como un bálsamo en las heridas de la vida
cierra la puerta
el susto son los vivos y sus crueldades
manifiestas y veladas
que construyen este infierno que parece no terminar

La fiesta familiar de hacer y decir lo que mejor no
en las peores circunstancias
la catástrofe
cotidiana indiferente
juegos de espejos rotos
refracciones deformantes
que vislumbramos en
los otros
sin admitir
monstruos de perdición
de cosecha casera
acechándonos

gambetando gambeteándolo
tentador demonio
de goce estropajo


ELEONORA D'ALVIA
Buenos Aires, Argentina, 1968

 

Jacques Lacan

"En el sueño el deseo interesa, subraya Freud, en la medida en que hay casos en que no es posible resolver el fantasma, es decir, darse cuenta de que el deseo -permítanme expresarme así, pues estoy sobre el final- no tiene razón de ser. Algo se produjo que es el encuentro del cual procede la neurosis, la cabeza de Medusa, la hendidura de recién, vista directamente, por cuanto ella no tiene solución. Precisamente por eso en los sueños de la mayoría se juega en efecto la cuestión del deseo, en la medida en que esta se remonta a mucho más lejos, a la estructura gracias a la cual el a minúscula es la causa de la Spaltung del sujeto."



Víctor Hugo Ibañez

 

EL RÍO VIENE DICIENDO


El río viene llorando, desde lo alto,
rojo de enojo viene bramando.
Las laderas ya no pueden con él,
no hay árboles pa´ contenerlo.
Trae en su enojo, disgustos, pa´ contarnos.
Que el calor arriba es agobiante,
que los montes tupidos se jueron pa´ otra parte,
que los animalitos y los pájaros no tiene donde guarecerse,
que está apareciendo un montecito nuevo,
Tupido, bajito y ordenao.
El Anta lo llama soja-secante.
La pacha no lo quiere.
Dice, que pa´ desierto ya tenemos bastante.
que no hay tiempo pa´lmirarse, que la tierra se seca
y la vida se va dir pa´ otra parte.

Se retuerce en las curvas como vicha
y trae apurao noticias del ambiente.
Quería llegar al Buenos Aires 
pero se quedo cansado en Santa Fe,
en Entre Ríos, allá por el Ñancay,
el Ibicuy, Paranacito, Ceibas…

La nutria y el carpincho, 
que entienden la lengua´el río,
se arrimaron pa´ las rutas,
pa´ que tanta disgracia y tanta muerte,
toditos están muy apurao que ni las vieron.
Rezando se quedaron estiradas en charque,
con los ojitos envidriao, llorando a la pacha.

El río acojono las preguntas y fue creciendo,
se juntaron más y más, tanto así que a la panza les llegó a la gente,
preguntando ¿Por qué? ¿Por qué?...-Tengo fe que ande venir pa´ escucharme.
Y fue, el Responsable fue,
no a escucharlo, pa´ ayudar dijo
-"¡qué terrible, qué terrible!
¡Esto no puede ser...!"
Cordialmente ayuda a una viejecita, 
presuroso mojando su Chanel,
que venía en una canoa escapando a la crecida. 
Irónico dijo el río: el Burgués vino a ayudar,
que fresquito adentro el auto está
y el cielo más caliente.
y el burgués dice: 
"¡Yo no sé por qué!¡ yo no sé por qué!"

 

VÍCTOR HUGO IBAÑEZ
1966, Orán, Salta, Argentina
nexus.victor@gmail.com

 

Rolando Gabrielli

 

Vivimos tiempos asombrosamente caóticos/ así se inició el mundo y la naturaleza pareciera/ que reconstruye el reloj y las horas muertas./No hay una pieza a que te resistas bailar esta noche/soy el viento, la luz, el perfecto curso de la ola/Ven, este es nuestro año, no hay tiempo que perder/ Ulises ya hizo el viaje por nosotros/ahora un poco de vino y unas palabras nos serán dadas/no sabemos dónde ni por quien/pero habrá un principio/ un primer día sin nombre/La cola de un cometa no identificado/ atravesarà la noche/un hilo de luz invisible/Serán luces nuevas, señales antiguas/Ninguna nube vieja hará llover/¿Vendrán otros tiempos?/Sí, vendrán.


ROLANDO GABRIELLI
http://rolandogabrielli.blogspot.com/


Jorge Carlos Alegret


SÍNTOMAS

Poemas anteriores del libro Síntomas

Arte Ciruja

Todas nuestras acciones
están dictadas por el miedo.

Truman Capote

 

11

A las dos suele ajarse tu rostro
deshaciéndose en una nube de animalitos
azules y alados, que se posan en el mío
como una escritura.

A las dos soy el lugar
donde tu rostro se desvanece
en un enjambre que anida en el mío.

También: a las dos mi rostro se cubre
de unas negras letras vivas,
y todos miran cómo emerge tu osamenta
y cómo desaparecen mis rasgos
en vuelos como teas hambrientas
que revelan, a quienes esperan, un secreto
(cada quien lee lo que se merece,
soy una carta de amor, o un soneto
o una receta de cocina)
un secreto que alguna vez a las dos
se arrojará en texto sagrado a todas las caras.

12

Caen en las formas de la nevada
tus formas veladas, un encaje
de horas y tierra alzada,
gestos como espinas al viento blanco
en un horizonte que se araña en labios
y carne de chapa,
te dije que te abrieras al rayo
de la sangre corrupta, te dije
que hablaras lo que los muertos callaron.

Hay una forma de la nevisca
que nos donaría forma de hierro blanco,
pero no hay quien enseñe este aquí
como el giro clínico de las cosas.

13

Picadillo de lector: eso que mira
digiere estilo de cumbia a theorbo,
las aéreas novias de chagall
quemándose en las lámparas desnudas;
me lee, ménade que refleja el dolor
en el tedio blando del subempleo
y el beso de las aguavivas, laceraciones
que hacen de su culo bienaventuranza,
¿qué puedo dar yo a ese hastío
de fuego y grasa bovina, a esa
crispación de duodenos enfermos
de tanto materialismo cinematográfico?,
lo sé: yo se victimiza, yo de miserias
gramaticales, herida que monologa
en políticas de sobremesa y cernuda
lejano, que es una broma infinita,
¿vas a dejarme solo en la laguna fantasma?
¿vas a instalar en mi lugar lo abstracto,
el trabajo del juez, y ya?,
esto me deja algo de barroco, de asco geométrico,
y cuando te duermas, yo sigue en tu digestión.

14

Cuando me desdoblo, olvido que afuera la loba
y me llegan imágenes del abuelo cubierto de piojos
en la escena manresana.

Es que soy duplicado, mustio mi doble,
gozándome con la garganta abierta,
en la domesticación de otro fiat lux.

Siempre tengo miedo después del reflejo,
y son las condiciones de la presa:
vos se mueve en las entrañas
pero hay una orden que me paraliza:
del otro lado, soy tu némesis.

15

Tiempo que se granula
y desgasta los vidrios.
A ventana perpetua
las locas vigilan
que la gente se embrutezca
en las discotecas,
hoy que se muerde la cola
en relámpagos de lubricante
sobre el ripio.
Las casas se inclinan al sudeste.
Madre hilvana mi corazón
a unos objetos que a la tarde
se convierten en gatos blancos,
o estatuillas coloreadas
de San Jorge, el matadragones.
Alguna vez, en una bruma roja, en una mañana
de fortunas canceladas, era el padre.
Cierro los ojos y encierro el polvo
bajo los párpados, para poder ver.

16

Hablabas de la totalidad como de una carcoma,
del número como evocación de la nada.

Le hablabas al insomne y eras una marea
trayendo la humareda de los viajes en colectivo,

pelucas amarillas y el recuerdo áspero
de todas las traiciones.

Eso te excitaba hasta despellejarte,
rendida a la madre y a la espuma de los días

hacías el trabajo de lo impune, de lo oblícuo,
de los alcoholes sosteniéndonos de pie,

unas visiones en las que odiarnos radiantes,
en las falsas apariciones del todo.

17

Está en medio del crujir de abedules ancianos
y el tronar de una tormenta marina en la bahía,
hay celo de lobos y rumores de lechuzas en luna llena,
nada con valor agregado, es lo invariante
que persiste, y en el interior de los hablantes
-que son el producido de los caminos-
hay una huida, un lugar religado con algo de calvario
y rosarios budistas, un aferrarse a la superstición
de toda razón, aunque a veces tan transparente,
tan sutil, nunca acabando en árbol ni tempestad,
ni otro ni búho. Así, me hago invisible.

18

Ojo que nubla el ojo,
quirúrgico ojo
que se multiplica
en cópula de ojo
ojo conejo ojo viral
también nada líquida
que se asoma a la nada
del puro ojo de mundo
en aguja pupila
en el paredón de la córnea
un fusilado
una parturienta saqueada
ojito puesto en vinagre
ojito ave que la muerte
arrastra sobre el mar
ojo desgajado
que adorna vidrieras
ojos de misa negra
de corte de los milagros
ojo roto derrama ojos
sobre las pantallas parrillas
en amores del bosco
y bares meseta adentro
ojos de fuego verde maldición
del ojo que ahora enfoca
el ojo solo que los pájaros
picotean
sobre tu hombro desnudo.

19

Escrito con tiza sobre el cemento
de las viejas paredes manchadas de mar
que nombran lo sagrado (todos aspiran
al hongo de tu alma), nombra
en salpicaduras de rata
y otras cuestiones políticas,
como la campana que tañe
en la cinta grabada de un cura
que espera a su Enamorado de regreso
en el quilombo, así descifrarte
los muslos húmedos beberte
como un penitente de la maldita escritura,
en la discontinuidad de época,
yo es otra copia, un frasquito de láudano
entre tus piernas, una mala escucha
en las subsidiadas habitaciones
del Masturbatorio Nacional, la apoteosis
de la taxidermia como identidad,
y valga la escena para expurgar referencias
a vacas, guerras psicológicas,
monarquías de cotillón
y anestésicos de toda pata en la fuente.

(...)


JORGE CARLOS ALEGRET

 

 

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