Fantasmagorías
del capital.

Diario de aconteceres clínicos desde el psicoanálisis y la poesía. Crónicas del corte.
por Juan Eugenio Rodríguez

"mis madres
me parieron en ronda
toda la noche

me señalaron a los asesinos

me parieron en ronda

toda la noche"

Jeuroz'22

Cuadro: Fantasmagorías
Jeuroz'22

"Zona astral donde la imaginación de los hombres
fabrica con líneas de fuerzas los fantasmas
que los acosan o recrean en sus sueños.
Marco de caverna, más allá del cual se distingue
una llanura de cobre bloqueada por montañas.
Cambiantes luces violetas le prestan al panorama
la sequedad del desierto
y la magia irreal
de los escenarios de fantasmagoría."


Roberto Arlt
1932


Soñar no es dormir. Esta diferencia resulta nodal para pensar lo que presentaré a continuación. Los espectros, como el padre de Hamlet (1), son muertos que retornan para reclamarles a sus asesinos. Aquellos a quienes no se les han realizado las exequias correspondientes retornan como espíritus errantes. Espectros y fantasmagorías, dos significantes que intento articular con el tiempo del capital, el capital del siglo XXI. En primer lugar, quiero establecer las diferencias entre estos significantes y cómo pienso usarlos por un lado, y de dónde los extraigo por otro. Fundamentalmente, los tomo de la poesía y de la trama social, de la intervención que hace el discurso psicoanalítico en cuanto al tratamiento de la pulsión y la ética del deseo. Se trata de dos significantes vinculados con los restos, aquellos restos rechazados, aquello del deseo enlazado a la trama que es rechazado. ¿Qué relación guardan esos restos con el superyó, con la pulsión de muerte? Esta es una de las preguntas que guían este escrito.
Así como el soñar no es el dormir, el deseo no es el consumo. El sueño está en relación al decir, el sueño está en relación al deseo.

En lo que se refiere a las fantasmagorías, pensándolas desde el psicoanálisis, podemos decir que se trataría de un resto que tiene algún tratamiento simbólico, algo ha sido alcanzado de lo mudo, de lo no reconocido, algo ha logrado tocarse por alusión. Que algo se inscriba e intervenga el circuito de la pulsión, no tendría que ver con una integración absoluta que anula el resto. Tiene que ver con un tratamiento, con una elaboración con resto. El deseo ha intervenido el curso de aquello mudo.
Las fantasmagorías surgen como un arte para la puesta en escena teatral, especialmente en las obras de terror u obras fantásticas donde se usaba la llamada linterna mágica para proyectar imágenes de apariciones. En el decurso de la obra se intervenía para hacer visible aquello que estando presente se mantenía de algún modo oculto. La fantasmagoría sería un tratamiento de aquello que teniendo incidencia en la escena se encuentra no reconocido.

En el caso del espectro, no hay tratamiento simbólico y lo considero un resto rechazado, no elaborado que alimenta la pulsión de muerte, alimenta al superyó. Entonces, no se trata de que a más renuncia más se alimenta al superyó. Esta es una discusión añeja dentro del pensamiento psicoanalítico. ¿Qué tratamiento darle al superyó? ¿Cómo intervenir sin alimentarlo? No comparto la idea que sostiene que a más renuncia de goce, un superyó cada vez más severo y cruel. Esta es una lógica circular que confunde pulsión y deseo. A diferencia de este pensamiento que sostiene la circularidad compulsiva, el apetito insaciable sin puntuación, intento pensar esta cuestión de otra forma, intento pensar en aquellos restos que no reciben tratamiento, que no se les da lugar, esos restos como espectros, como reflejos de esos restos que alimentan la pulsión de muerte. Crece en silencio. En el silencio que cubre esos restos. Los crímenes alimentan los crímenes. Lo que se define como renuncia no es tal dado que responde a la compulsión a la repetición, esa supuesta renuncia ya está tomada por la pulsión. El tratamiento implica transformación.

¿Cómo juegan estos significantes? Tanto las fantasmagorías como los espectros importan a nuestro argumento principal en este escrito. Hace ya un buen tiempo, vengo utilizando la idea de la cultura de la mortificación, el espectro resulta un buen ejemplo, el espectro sobredetermina esa cultura. Los muertos en situaciones confusas, desapariciones, asesinatos, todas esas muertes ocultas e impunes nos interpelan, interpelan a nuestra cultura. Estas ánimas que nos circundan y buscan una elaboración. El espectro como un resto que no encuentra su caída y esto mismo expresa su encerrona trágica, su sin salida, que sería una suerte de definición para el espectro.

Volvemos a la poesía, volvemos a la tragedia. Otra vez. Cada vez. La puesta en escena, la apuesta por la otra escena, la escena inconsciente. Poner los significantes a rodar en la escena, provocar el efecto de la linterna mágica. En el caso de los espectros, se trata de apariciones que forman parte de la vida cotidiana y no producen ninguna pregunta acerca de su existencia. La ausencia de pregunta determina la naturaleza del problema, no existe ninguna posibilidad de elaboración. Los restos conviven con nosotros, hay olor a podrido. Alimentan la pulsión de muerte, alimentan al superyó. Una economía tal que cuanto más sacrificios se le hacen, tanto más exigente deviene. Quiero destacar esta idea del sacrificio que nos plantea Lacan, puesto que logra darle más especificidad a la cuestión.

Las fantasmagorías y su aplicación a la puesta en escena, son un modo de darle tratamiento a esos restos. Un tratamiento simbólico. Un heim, una falta. Esas apariciones reclaman un lugar, una despedida, un recuerdo. La fantasmagoría sería el artificio para enlazar algo de ese resto. En la operación analítica se trata de intervenir aquellos significantes que encarnan ese resto mortificado. El espectro da testimonio de que algo huele mal. Lo rechazado no deja de orbitar. Aquel artículo que escribí sobre Gregory, (2) un niño de 5 años que fue asesinado en un pueblo apacible de Francia, trata de un crimen que nunca se esclareció. Esa historia tiene por protagonista una voz que nos presenta el fascismo social en acción. Ese personaje oculto, oscuro e indescifrable, nos deja ver al superyó del pueblo en acción, ese imperativo que encarna la orden ¡Goza! Un imperativo desnudo. Para pensar la amputación del deseo es un muy buen ejemplo;

“El movimiento en el que es arrastrado el mundo en que vivimos al promover hasta las últimas consecuencias el ordenamiento universal del servicio de los bienes, implica una amputación, sacrificios, a saber, ese estilo de puritanismo en la relación con el deseo que se instauró históricamente” (3)

El superyó es el heredero del complejo de Edipo. El superyó de los hijos se constituye acorde al superyó de los padres, en eso que se transmite a través de la cadena de las generaciones. Lacan ubica el servicio de los bienes como el que va contra la ética del deseo. Ese movimiento que implica querer abarcarlo todo, el soberano bien, para luego segregar un resto y alimentar al superyó. Ese superyó encarna la cultura de la mortificación. De padres a hijos.

No se puede sostener que la renuncia al imperativo superyoico aumenta la exigencia pulsional. Sostener esto es ubicarnos frente a una encerrona trágica. No hay salida. No hay corte. Un muerto que no termina de morir, un caso Valdemar (4) recurrente. Ni vivo ni muerto. Frente a esta cuestión propongo sustituir renuncia por abstinencia, es un concepto estrechamente vinculado con el deseo.

Debemos considerar de otra manera la cuestión del superyó, para considerar de otra manera nuestra intervención clínica. El superyó representa los imperativos de la cultura de nuestro tiempo. Cuando Lacan nos advertía que el siglo XXI iba ser el siglo del predominio del superyó, no se equivocaba. Esta advertencia estaba orientada a señalar su incidencia en la trama. El individuo es la masa, no debemos confundirnos. Es donde más está puesto el acento en la actualidad. En nuestro tiempo la voz áfona se ha vuelto audible, sin embargo promueve silencio, crece en silencio. No se trata de disciplinamiento sí, disciplinamiento no, nunca deja de ordenar ¡Goza! Ese imperativo no nos deja salida, nos mortifica, en tanto quedamos capturados, nos hace piedra. Es el deseo el que cambia el curso de la pulsión.

Se trata de decursos muy diferentes, quiero decir que no son equivalentes. El deseo se inscribe por la sustracción que causa. El deseo será siempre el deseo de otra cosa, nunca es eso. No vuelve al origen simplemente porque el origen está perdido.

El sujeto incorpora al superyó en la declinación del Edipo. Nuevamente, ¿qué es lo que se hereda del complejo? La castración es parte de la herencia, pero también lo es el goce. Freud nos advirtió que el superyó severo y cruel es pulsión de muerte. La pulsión busca su goce, su circuito se encarga. Busca el objeto cada vez y cada vez queriendo integrarlo falla, y cada falla potencia el circuito. Aquí puedo ubicar la lista de técnicas de autoayuda ilimitadas. La Demanda busca la Demanda.

El superyó es la impostura de la ley de donde profiere su imperativo Goza. Por ello lo que se hereda es el Goce que mejor no. La herencia del Goce. Lo inconsciente familiar siempre se refiere a ese Goce. Nuestra clínica lo atestigua, se trata de ese goce familiar que se desplaza. Ese goce al que me refiero se diferencia del deseo. Otra vez, hay que tener presentes las diferencias. Quizá esta última sea la diferencia central.

El argumento de que si se construye un dique para sofrenar al superyó, éste se tornará más intratable, que el dique más temprano que tarde será absorbido por el superyó, sostiene que cuanto más la cultura se interpone al goce más lo alimenta. Parece el mismo argumento respecto al comportamiento del mercado frente a ciertas regulaciones.

Es necesario diferenciar de manera precisa el goce del deseo. Cuando Lacan se refiere al servicio de los bienes Creonte es el ejemplo, es quien va contra el deseo. Sin embargo, cuando el deseo no cede interviene el curso de la pulsión. Creonte deberá enfrentarse indefectiblemente a la castración. No es algo que se pueda anticipar, deberá ser leído a posteriori. El acto de Antígona (5) hace naufragar las pretensiones del gobernante. Esta diferencia representa un recurso para la clínica que no puede soslayarse.

Si el análisis puede hacer algo con el goce que mejor no, es desde la ética del deseo. Ya he insistido en otras oportunidades que la poética del psicoanálisis es la poética del deseo. En la abstinencia a extinguir el fuego, Prometeo sostiene un acto discursivo, un acto poético. Freud se refiere a la victoria del deseo frente al goce, su enunciación se despliega en el movimiento del poema. Prometeo no le roba el fuego a los dioses sino que recupera lo que robado estaba en el arcón de las cosas inservibles, ellos no sabían qué hacer con eso. Se trata de una sustracción. El deseo nos pertenece como moneda de cambio de la muerte. Esa intervención del sujeto interviene el curso de la pulsión, el deseo cambia el curso de la pulsión por sustracción. La ternura es el caso de una pulsión coartada en su fin, una pulsión a la que se le ha intervenido su curso. El deseo interviene el curso de la pulsión y aplaza su satisfacción. Me abstengo de apropiarme del otro, por amor.

“Madres paralelas”, la última película de Pedro Almodovar, trata de alguien que busca junto a su comunidad darle tratamiento a los restos de aquellos que hasta ese momento figuran como desaparecidos. Asesinados y arrojados a una fosa común. Todos miembros de esa comunidad. Buscan identificar los cuerpos y darles sepultura, buscan llevar a cabo un homenaje a esos muertos. Se trata de un ejemplo del tratamiento de los restos. El poeta pone a rodar esos significantes, esos restos que también implican las apropiaciones de niños durante la dictadura de Franco. ¿Porqué alguien podría decidir abstenerse, subrayar la carencia e implicarse? El sujeto tiene la posibilidad de transitar un camino individual y no lo hace. Una acción habitada por el deseo, aquello que ella no está dispuesta a llevar a cabo, otra vez la abstinencia que encuentra a la protagonista de la película con Antígona. Alguien a quien se le presenta la situación de tener que tomar una decisión ética. Esa es quizá la enseñanza de esta película, ni siquiera el encontrar los restos, reconstruir cuándo y cómo fueron asesinados. Identificar a los asesinos. Ni siquiera brindarles una ceremonia de despedida y reconocimiento. Quizá la enseñanza trate de la carencia que nos entrega el poeta para hacer posible el deseo, para hacer posible el amor. Es allí cuando la historia produce un giro. Es a partir de esa abstinencia, es a partir de la incidencia del deseo, la sustracción, que la historia cambia su curso. El poeta nos transmite su anhelo. Aquello que queda en las manos del poeta luego de su entrega, allí donde el poeta vive.

El psicoanálisis procede por un retorno a la acción, a ese deseo que habita la acción. Esa acción tiene que ver con el decir. La ética del análisis otorga un lugar a la experiencia trágica de la vida y por eso mismo a la cuestión de la tragedia: la relación de la acción con el deseo y su fracaso en alcanzarlo.

¿Porqué me haría garante del bien del sujeto, de su ensueño burgués? En el análisis sería una suerte de estafa. ¿Porqué me haría garante de la normalización psicológica, de un ideal atóxico de armonía psicológica, en definitiva, de una felicidad sin sombras? ¿Porqué?

Bibliografía

-“Hamlet” William Shakespeare -1603 (1)
-“He descubierto quien asesino a Gregory” J. E. Rodríguez-2020 (2)
-“La Ética del Psicoanálisis” Libro 7 Jaques Lacan -1959-1960 (3)
-“La verdad sobre el caso del señor Valdemar” - Cuentos completos - Edgar Alan Poe -2009 (4)
-“Antigona” Sófocles - 441 a.c. (5)
-“Prometeo encadenado” Esquilo 467 a.c.
-“La conquista del fuego” Sigmund Freud – 1932