"El último sol"

Cuadro: Ciudad V
Jeuroz'22

Para nosotros constituye el terror
y la amenaza de exterminio
el ardor estelar
las tremendas erupciones de la llama.

Sin embargo,
para esta forma de vida representa
un conjunto de condiciones favorables.

Yo conozco el ritmo diurno y mensual,
en mi interior se enfrentan fuerzas opuestas
de crecimiento y extinción.

El sol ¿un remolino de ardor muerto?
Cada doscientos cincuenta mil años
atraviesa una depresión
su climaterio
que causa en la tierra
las eras de hielo.

¿Acaso piensan las estrellas?
No lo sé.
¿Porqué no hablar con el sol?
¿De qué podríamos hablar?
¿De que la tierra es migaja de vida dentro del océano de la nada?¿Que el hombre es un solitario que considera a las estrellas,
las nebulosas, las galaxias, sus enemigos?

Pero, no es así.

Mírenlo de esta forma
y aprenderán la humildad, la esperanza,
porque un día el sol será la nova.

La vida surge cada vez
una vez más

el hombre nace, se desarrolla y muere.
Igual que una estrella.

¿No creen en ello?
Vean un eclipse solar,
cuando la alimaña solar resurge
y se aleja de la matriz
para por fin,
extendiéndose y encogiéndose
en formas renovadas cada vez,
se desvanece y muere en el espacio
o regresa al blanco océano de fuego
que le dio la vida.

Puedo verlo
desvaneciéndose
desarraigándose.

Merezco que se me pague
con un poco de realidad
con las sales secretas de la tierra
con el canto de las tormentas.

El rito del nuevo sol
en los siete puntos donde
la noche anda sobre la noche.

El estallido del silencio
en el orificio más recóndito
de la tierra.

Entonces seis hombres
uno para cada sol
y un séptimo hombre
el sol
con su galope vertiginoso
hace brotar
soles giratorios.

No sé si es que el viento se levanta
cual música antigua
emitiendo bocanadas de noche,
mientras escucho
al alba
la llegada del último sol.

Jeuroz
Buenos Aires, 2020