FUEGOS DEL SUR

PSICOANÁLISIS EN MOVIMIENTO

revista de psicoanálisis y poesía

 

FUEGOS DEL SUR

PSICOANÁLISIS EN MOVIMIENTO

revista de psicoanálisis y poesía

 

Julio-Agosto 2017
Superyó y renuncia pulsional
por Eleonora D'Alvia

 

 

He escuchado más de una vez una lectura que se hace del texto de Freud “Malestar en la Cultura”: se sostiene que la cultura está vinculada a la renuncia pulsional, pero dado que la renuncia pulsional alimenta al superyó, se produce la siguiente paradoja, a mayor cultura, mayor renuncia pulsional, entonces necesariamente la cultura llevaría al predominio del superyó cada vez más severo y cruel. Esto parece justificar muy bien el estado de cosas.

Sin duda es cierto que nuestra época arrastrada por el predominio del superyó parece ir en un in-crescendo en cuanto a los desastres que produce. Una fuerza autodestructiva desencadenada, que tanto Freud como Lacan situaron como el peor problema contemporáneo.

¿ Pero no hay en esa lectura del texto una conservación del concepto de lo evolutivo, ajena por completo al psicoanálisis? Freud no se cansa de decir que la evolución, como sentido común debe ser puesta en cuestión. Pensar que las restricciones de goce de los antiguos eran menores a las nuestras es una falsa ilusión. Las restricciones respecto del goce construyen el ordenamiento de la cultura antigua. Estaban construidas sobre las prohibiciones de aquellas cosas que hoy predominan en nuestra época. Predominan porque las instituciones del Estado contemporáneo están construidas justamente al modo del superyó, que tras la hipocresía de la ley lo que propone es gozar. Si la renuncia al goce alimenta al superyó es porque no hay ninguna renuncia.

Esto lo describía muy bien Ulloa como cultura de la mortificación. La escena del torturador- torturado, modelo paradigmático de la cultura de la mortificación, ¿no es acaso la puesta en escena de la relación yo – superyó? Ahí no hay ninguna renuncia, lo único que hay es goce. Sabemos que esa modalidad que en su extremo tiene el campo de concentración, en sus versiones más encubiertas predomina en los diferentes estamentos del Estado. Y encuentra su expresión en lo infamiliar, lo incestuoso es lo que está jugando de telón de fondo. Esta escena de dos lugares sin tercero de apelación es lo más mortificado. Es como el efecto del terror sobre las neurosis traumáticas, produce un deterioro de las funciones simbólicas que involucran al sujeto del inconsciente. Las neurosis actuales.

En un texto posterior a “Malestar en la Cultura”, “Sobre la conquista del fuego” del año 31, Freud explicita la dimensión de la renuncia en relación al deseo. Y cuál es la reacción que eso genera. Podríamos sintetizarlo así: Sólo si el niño renuncia por amor a sus padres al objeto incestuoso, funciona la prohibición. La prohibición instaura un orden nuevo. El orden del deseo. El problema con el deseo, lo insoportable del deseo es que no se satisface. Se abre una dimensión que mantiene abierta la brecha, lo insatisfactorio, lo imposible de satisfacer. Se encuentra más allá del principio del placer. Esta dimensión del deseo que se articula con el amor es el factor generador de cultura. Se encuentra vinculado con la renuncia cultural y con la comunidad de deseo. Es dependiente del uso de la palabra. Está claro en la práctica analítica que de lo que se trata ante esa voz muda superyoica es empezar a pasarla por el registro de la palabra, lo cual implica una renuncia de goce. Sólo se puede intervenir en relación a la crueldad del superyó a partir de instaurar una renuncia de goce. Es un modo que tiene el análisis de intervenir en las neurosis actuales, por ejemplo en las toxicomanías.

La dimensión de la castración introduce una merma al goce superyoico. La división del sujeto es una pérdida de goce, es una desidentificación. Un “no soy eso”. Una salida a la escena de dos lugares: fálico-castrado.

Volviendo al texto de Freud, lo que dice es que la crueldad del castigo aplicado al héroe cultural, Prometeo, se debe al odio que despierta como reacción la dimensión del deseo, ese fuego que no se apaga. El hecho de sostener la renuncia pulsional es la mayor fuente de odio contra la cultura. La fuente de toda reacción terapéutica negativa.

 

Dice Freud, “probablemente un nuevo embate de la libido provocó de contragolpe una renovada renuencia de la pulsión de destrucción” Malestar en la Cultura, Amorrortu pág. 119

 

Lo que plantea Ulloa es que esa escena de dos lugares de la encerrona trágica, se resuelve por la vía de la apelación al tercero, que es la comunidad. Es la presencia de la comunidad a partir de ese tercero, la que prohíbe la escena de goce superyoica que requiere del silenciamiento. Comunidad como uso de la palabra.

Contra lo que más atenta esta cultura contemporánea, es contra el uso de la palabra. En su lugar solemos encontrar la reiteración acrítica de la voz de la televisión, por ejemplo. Es la última versión del goce superyoico en imágenes fascinantes. Dice el poeta Rodolfo Alonso que es en el uso cotidiano y común de la palabra donde se encuentra la fuente en donde abreva toda poesía:

 

“La cuestión es que si decae el lenguaje humano, decae la condición humana. Porque no usamos el lenguaje, insisto, somos lenguaje.” Para qué sirve hoy la poesía.

 

¿Cuál es la salida que plantea Lacan al seudodiscurso capitalista en Televisión? la renuncia al goce. Justamente, en la medida en que hay renuncia de goce, dice Lacan hay función analítica, está operando el deseo del analista. Si hay goce, entonces lo que no hay es función. Por eso apela a la figura del santo.

Abstinencia de goce, abstinencia de saber. Lo que funciona como el superyó es justamente una frase cuyo peso es un saber acrítico. Una certeza de saber. Un significante mudo. Que solo goza. Por eso creo que el santo ríe, por el alivio que proporciona la introducción de la falta que causa el decir. La risa es un efecto del placer preliminar. Lo produce la agudeza en su escenificación de la falta del Otro como orden significante. Es un efecto sujeto. El sujeto pasó y dejó su huella. Es un saber hacer con el goce. Con el goce que mejor no. Esta afirmación de Lacan apunta al goce fálico. ¿Y acaso hay una versión más acabada del goce fálico que el goce superyoico que propone el seudodiscurso capitalista?

Y por otro lado, la expresión de “el goce que mejor no”, ¿no es acaso una apelación a la dimensión de la renuncia?

El goce masoquista que está en el fundamento del goce superyoico es inercial, siempre está ahí como tendencia.

Sobre todo porque es una vía de salida a la encerrona superyoica, la dimensión de la renuncia de goce no debiera confundirse con lo que realimenta al superyó que es justamente el goce.

Esto que es una afirmación válida respecto de la clínica, no debería descuidarse respecto del superyó cultural.

 

 

 

Octubre de 2016

 

 

 

 

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