La
cuestión de La Mujer para el psicoanálisis
por
Fernanda Ricciardi
Correo: ferricciardi@hotmail.com
Para
comenzar voy a tomar una afirmación de Lacan “LA MUJER
NO EXISTE”, dicha frase me acompañara a lo largo de este
escrito.
Desde
el texto de Joan Riviere “ La feminidad como máscara”,
pudimos observar cómo una mujer, exitosa en los negocios, que
da conferencias frente a hombres, que trata de seducir, se angustia.
La autora sostiene que esta mujer se identifica al padre, la feminidad
enmascara su posición de identificación al padre.
En la conferencia 33, sobre la feminidad, Freud señala “el
psicoanálisis por su particular naturaleza, no pretende describir
qué es la mujer, una tarea de solución casi imposible
para él, sino indagar cómo deviene, cómo se desarrolla
la mujer a partir del niño de posición bisexual...”(1)
Freud dice también que hay tres orientaciones posibles para
la niña que ha llegado a la encrucijada de la castración
“... una lleva a la inhibición sexual o a la neurosis,
la siguiente a la alteración de carácter en el sentido
de un complejo de masculinidad, y la tercera en fin a una feminidad
normal”
Esta última orientación está ligado al “deseo
de hijo” que es una subrogación del “deseo
de pene” . Para Freud lo femenino se normaliza en el deseo
fálico.
Lo que constituye el deseo es la falta, es muy claro en el complejo
de Edipo en la mujer, la mujer entra al complejo por envidia del pene,
este deseo de pene va ser luego deseo de niño. A veces el niño
puede quedar atrapado en posición de falo, como aquello que
completa a la madre, existe aquí un deseo de devoración,
de estrago, como la metáfora del cocodrilo, se requiere de
la función paterna.
Podemos ejemplificar la segunda de las orientaciones dadas por Freud,
en el caso de la joven homosexual, cuando esperaba un hijo del padre
se lo da a la madre (se embaraza) y la lleva a una regresión
a la fase pre-edipica, se puede pensar como algo de esta “alteración
de carácter en el sentido de un complejo de masculinidad”.
Lacan trata de llevar las consideraciones freudianas más allá,
y habla de otro goce para el lado femenino, la mujer es “no-toda”,
resta Otro goce. Una mujer es no-toda tomada por el Edipo, no-toda
en el goce fálico, para afirmar esto se basa en el final del
Edipo femenino que construye Freud, en lo que concierne a la formación
inacabada del Super Yo.
El goce de la mujer es uno de los nombres del inconsciente, está
más allá del goce fálico, Lacan lo define como
aquello que escapa al discurso, guarda una relación con el
inconsciente.
Lacan cuestiona la posición de “Alma Bella”
de Dora y su elaboración es en cuanto a la pregunta histérica
¿Qué es ser una mujer? , en el que se le adjudica el
saber sobre la sexualidad a otra mujer, en el caso de Dora le adjudica
este saber a la señora K, y el fantasma acá responde
que una mujer “es un objeto a ser chupado” para Dora.
Es por una mediatización fantasmática que Dora puede
abordar el mhisterio (escrito con “h” ya que es la histérica
la que concede el estatuto de goce en la mujer) de la feminidad en
la señora K “ objeto a ser chupado”. La histérica
encarna el falo.
Es la relación al sujeto con el objeto a en el fantasma,
lo que suple la inexistencia de La mujer, es el fantasma el que va
al lugar exacto de la ausencia de la relación sexual.
En otras mujeres la cuestión de ¿qué es ser una
mujer? Puede estar sostenido por el tema de la maternidad.
En la actualidad muchas mujeres no quieren tener hijos o lo postergan
porque priorizan su carrera profesional.
La madre a pesar de ser una mujer está del lado masculino,
a veces la sombra de la madre cae del lado de la mujer.
Otras veces la maternidad podría ser un rechazo a la feminidad.
No podemos hablar de un instinto materno en lo humano porque no hay
instinto sino pulsión.
También podemos tomar ejemplos desde la clínica de las
psicosis, donde el hijo queda del lado del desecho en la madre.
Lacan hace referencia a que las verdaderas mujeres tienen algo de
“extravío”. Es allí donde nos encontramos
con Medea, quien se despoja de “todo”por amor a un hombre:
Jasón. El acto de Medea es en estricta relación a un
hombre. Es interesante pensar cómo Lacan la trae para ejemplificar
determinados conceptos teóricos con respecto a la feminidad.
El acto de Medea no está enmarcado en una lógica fálica
sino en una lógica del No-Todo, pasaje a otra lógica
que es solidaria de la posición femenina.
La feminidad va más allá de la maternidad y de la histeria.
Para concluir, me gustaría tomar un mito que me pareció
muy interesante:
Es el mito de Tiresias, aquel personaje que develó a Edipo
que había matado a su padre y se había casado con su
madre.
El mito del joven Tiresias nos afirma sobre los avatares que sufrió
su identidad sexual.
“Se dice, entonces, que en cierta ocasión, Tiresias se
cruzó en su camino con dos serpientes que se hallaban copulando
y que algo hizo en ese momento, que las molestó, las separó,
las hirió, o que mató a una de ellas (todas estas son
distintas versiones del mito) y que por esa razón fue convertido
en mujer.
Que de ese modo, es decir, como mujer, pasó los siguientes
siete años de su vida. Y que finalmente, volvió a encontrarse
con un par de serpientes copulando (nada dice aquí el mito
de que fueran las mismas) a las que otra vez molestó de alguna
manera, lo que lo volvió de nuevo varón.
Resulta pues, que en cierta oportunidad estaban discutiendo Hera y
Zeus, esposa y esposo, dioses del Olimpo. Hay que decir que lo hacían
a menudo, ya que Zeus era un dios un tanto mujeriego y Hera una esposa
excesivamente celosa. Pero esta vez, el tema de la controversia no
se refería a los amoríos de Zeus, aunque seguramente,
no dejaría de tener relación con ellos. En esta ocasión,
la disputa concernía a la cuestión de a quién
le toca en suerte una proporción mayor de goce en el acto sexual,
si al hombre o a la mujer. Y como no se ponían de acuerdo,
¿qué mejor que llamar a aquel que había tenido
ambas experiencias, para dirimir la polémica?
Y bien, presentándose Tiresias a comparecer, dice así:
“ si dividimos el goce sexual en diez partes, nueve le tocan
a la mujer y una al hombre”. El mito relata por fin que, irritada
por esta respuesta, Hera condena a Tiresias a la ceguera. Pero Zeus,
en compensación, le otorga el poder de adivinación.”
Lo que podemos leer, es que Tiresias “mal-dijo” al goce
femenino... desde el lado del hombre. En efecto, cuando comparece
ante Zeus y Hera, y sentencia que a las diez partes que tiene el goce
sexual, nueve le corresponden a la mujer y una al hombre, lo hace
como varón. Y, como tal, intenta dar una razón fálica,
intenta medir la distancia que separa el goce fálico del Otro
goce. Imposible, tal distancia no cesa de no escribirse.
(1) S. Freud (1933): “Nuevas Conferencias de introducción
al psicoanálisis: 33ª. Conferencia : La Feminidad”
en obras completas.
Año
2010