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El goce femenino y su relación con la poesía

por Marcela N. Cabral
Correo: marcelanoemicabral@gmail.com

Leer a Freud en el texto conferencia “La feminidad” fue muy complejo. En este texto habla del enigma de la feminidad y hace un recorrido para dar cuenta de ello. No es un texto que pretende describir qué es la mujer sino que indaga cómo deviene, cómo se desarrolla la mujer a partir del niño de disposición bisexual. Según Freud el desarrollo de la constitución de la niña es más difícil y complicado que en el niño. Hace todo un recorrido para mostrar las diferencias que hay en la constitución del niño y de la niña. Estas diferencias de las que habla son constitutivas del sujeto.

El tema de la feminidad me hizo pensar mucho sobre la cuestión de la mujer, y fue inevitable pensarme como mujer. Fue así como empecé a reflexionar sobre este tema. En primer lugar soy una mujer y además soy madre, entonces mi reflexión pasa por esta cuestión, que a mi entender ser mujer está muchas veces aplastado por el ser madre. La madre no le da lugar a que surja la mujer. No existe “la mujer”, la mujer no tiene concepto, existen mujeres tan diversas y singularmente únicas. No se puede determinar que las mujeres son de tal o cual manera, por eso no se la puede nombrar, ni mucho menos conceptualizar.

Desde la antigüedad la mujer fue adoctrinada para ser madre, ya desde niña en sus juegos con las muñecas ya hace sus primeras representaciones de madre, copiando a su mamá. Si la niña no juega con muñecas y se interesa por otros juegos por ejemplo, jugar a la pelota o juegos más brutos o agresivos, los padres se preocupan, hasta muchas veces dicen “es una machona”.

Venimos a vivir en un mundo que está organizado, es decir nos espera un mundo que en cierto sentido ya está hecho, al menos sus pautas, sus reglas. Crecemos y nos desarrollamos dentro de una cultura que vamos asimilando desde que nacemos. Vamos así adquiriendo una forma de aprender, de pensar de ir respondiendo a lo que se espera de nosotros. Si revisamos la historia veremos los mandatos que nos condicionan, son ancestrales. En estos mandatos se juegan la cuestión de lo que “es bueno y lo que es malo”. Hay un ideal, un imaginario de cómo debe ser una mujer. Las madres son sacralizadas, el hogar es casi una obsesión, los hijos son el culto, esto es lo bueno lo esperado. Hay una mitificación de la mujer, el mito de la mujer- madre, mujer- esposa, mujer-belleza, mujer-abnegada, por decir algunos mitos que circulan. Ser mujer no es ser madre, ser madre es una de las tantas funciones que una mujer puede elegir. Creo que sería saludable poder pensar sobre nuestras prácticas cotidianas, para darnos cuenta qué cosas hacemos y decimos que nos alejan de nuestras necesidades y deseos.

En mi experiencia personal puedo decir que a través de analizarme y todo lo visto en el seminario, me llevó a poder pensarme como mujer, conectarme con mis necesidades y mis deseos. No fue fácil para mí separar la mujer de la madre. Lucho por mantener una posición firme como mujer y como madre, que no interfiera una con la otra. Me gusta ser mujer y también ser madre, ser una mujer que desea y se juega por sus deseos es lo que trato de hacer día a día, con todas las dificultades que esto representa. En este tránsito de descubrirme como mujer, tuve muchas críticas de otras mujeres, con el tiempo pude entender que es por la cuestión que estamos todos atravesados, por el imaginario social y sus mandatos.

Cuando estaba armando este informe, mi hija que tiene 21 años me dice -mamá te voy a contar un chiste que me contó mi primo, es un chiste machista, pero es muy gracioso-. Yo le dije: -Ah bueno, me interesa. El chiste decía así -“un hombre entró a un ascensor y había una mujer, la mujer estaba muy excitada y le dice al hombre quiero que me hagas mujer y el hombre se saca la camisa y le dice bueno podes empezar por planchar la camisa”. Fue inevitable la carcajada de las dos. Inmediatamente le dije: -Está bueno el chiste, pero lamentablemente es muy real. En el chiste se puede decir cosas que nos suceden cotidianamente y que no son graciosas, pero en chiste es más tolerable, es una forma de poner en palabras algo de lo que no se puede hablar. Entonces saqué mi cuaderno y le conté del informe que estaba haciendo y se lo leí, luego le pregunté qué pensaba al respecto y ella me contestó: -Está muy bueno, la verdad que nunca lo pensé así, la cuestión de la mujer, pero en el hombre también sucede lo mismo-. Fue muy interesante para mí la mirada de mi hija, lo cual nos llevó a conversar de la cuestión de ser hombre y de ser mujer. Juntas llegamos a la conclusión de que tanto el hombre como la mujer están condicionados socialmente, el hombre también sufre los mandatos y tiene un modelo a seguir. Bueno no me voy a explayar sobre la cuestión del hombre, porque sería para otro capítulo y muy interesante para desarrollar. Pero no puedo dejar de decir que todos padecemos, el padecimiento no tiene género, de lo que se trata es del sujeto. Cada sujeto es enigmático y único por su constitución. Mi tránsito por el psicoanálisis le dio lugar a mi sujeto para poder conectarme con mis necesidades y deseos, ese trabajo interno es del día a día para poder tener una vida más saludable.

Para cerrar el escrito invoco a MEDEA, leí la obra de Euripides, vi la película de Pasolini y me impactó esa mujer. MEDEA rompe con lo que se espera de una mujer y de una madre, ella como mujer deseante deja todo para ir a una tierra desconocida, sufre el desarraigo, la discriminación, la traición y no tiene vuelta atrás. Es muy difícil hablar de MEDEA porque es muy fuerte todo lo que ocurre en la obra, pero lo único que pude hacer es escribir una poesía, en donde algo puedo decir de esa mujer tan enigmática.

 

CANTO A MEDEA

¡Oh Medea! ojos de hechicera
Mirada de fuego,
Corazón turbado de deseo.
¡Oh desdichada! en tierra desconocida,
Solitaria añoras extranjera.
Traicionada en tu lecho,
No encuentras la salida.
¡Oh infeliz! que pensamientos oscuros albergan tu mente
Odio, violencia y venganza…
Dar muerte trágica, fue el fin
Y errante andas por ahí.
¡Oh Medea! tu existencia me conmueve,
Soy mujer y tengo deseos.
Que no me invada el odio, la violencia ni la venganza.
Mujer enigmática mucho de ti hay en mí,
Aunque yo lo niegue.
Me veo en tus ojos,
Y tus palabras a veces son las mías…


Año 2010

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Actualizada Abril 2011

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